miércoles, 2 de mayo de 2012

Recibiendo la vista

Una de las preguntas más importantes que se puede dar para toda nuestra eternidad es: ¿Cuando llegamos a ser salvos?

Esta pregunta la traigo a colación por que recuerdo de mis tiempos de seminario, varios casos de personas que crecieron dentro de una iglesia e incluso servían en ella, pero en un momento se dieron cuenta que en realidad nunca tuvieron un encuentro personal con Jesucristo.

No critico esta situación de ninguna manera creo que el momento de la salvación es el momento más importante de nuestra existencia.

Ayer en el transcurso del día leí en varias ocasiones el capitulo 9 del evangelio según San Juan, reflexioné bastante sobre este texto y Dios puso en mi corazón el escribir sobre los resultados de la reflexión en este capitulo.

La historia inicia en alguna de las calles de Jerusalem, probablemente en las afueras del Templo, en el camino los discípulos de Jesús llamaron su atención hacia un hombre ciego de nacimiento, y lo hicieron con una perspectiva que abundaba en la forma de pensar judía sobre la enfermedad y el pecado.

La historia esta llena de pequeños detalles de carácter cultural y religiosos que hoy no quiero tocar, ya que creo que el tema principal es el momento en que llegamos a ser salvos.

Continuando con esta referencia rápida de la historia, podemos ver que: Jesús hizo lodo, unto de este lodo a este ciego y lo envió al estanque de Siloe, donde el recibe la vista.

Luego de esto empieza una triste historia de como los líderes del templo y los fariseos se negaban a reconocer las señales que Jesús realizaban y que eran el mejor testimonio de su posición como mesías tan esperado por ellos.

Para terminar la historia, con el ciego reconociendo a Jesús como su señor y dándole adoración, adoración que solo merece nuestro Dios. Desde esta historia quiero hacer varias reflexiones para compartirlas con ustedes.

  1. Nuestra condición al nacer es de ceguera espiritual, y nunca estará en nuestras manos el cambiar esta triste situación: Este hombre había pasado muchos años sin poder ver la luz y nunca tuvo la posibilidad de recibir la vista por sus propios medios.
  2. Nuestros ojos solo pueden ser abiertos por la obra de Cristo en nuestra vida, de lo contrario continuaríamos ciegos y sin esperanza pidiendo limosna en las calles del mundo.
  3. Aun cuando Dios abre nuestros ojos podríamos nunca ser salvos. Pensando en este tema y conversando con mi esposa, ella me recordó que en la biblia existieron no pocos casos de personas que recibieron grandes milagros de parte de Dios, pero nunca le concedieron el señorío sobre sus vidas. Este ciego pudo no ser la excepción y recibir la vista pero nunca conocer a Jesús como su Salvador personal.
  4. Se podría incluso hablar con mucha convicción sobre la obra de Jesús en nuestras vidas y aun permanecer perdido en nuestros delitos y pecados. Este ahora vidente no dudo en exponer ante los gobernantes y líderes religiosos como Jesús le abrió los ojos, pero es mi criterio que en ese momento todavía no era salvo, no era salvo por que recibió un gran milagro y sus ojos fueron abiertos pero el no conocía a su salvador, sabia su nombre, sabia que le había concedido la vista, pero no lo conocía todavía. Es de resaltar que este hombre hizo una defensa de la obra de Cristo con fervor, y sin temor a lo que pudieran hacerle los fariseos. En esta época ser expulsado de la Sinagoga era lo peor que podía pasar pero no tuvo temor de que esto pasará.
  5. Podemos llegar a ser salvos solamente por que Dios nos busca.  Este hombre defendió la obra de Dios con vehemencia, pero pudo bien nunca recibir la salvación, por que hablaba de un Jesús al que no había conocido. Fue Cristo quién lo busco entre toda la multitud que había en Jerúsalem. Fue Cristo quién se presento ante este hombre ofreciéndole la salvación.
  6. Solo podemos ser salvos cuando realmente vemos y reconocemos a Jesús como Salvador. Este ciego recibió la vista, predico del poder de Dios revelado por medio de Jesucristo, pero comprendió su necesidad de un salvador hasta que estuvo frente a la presencia del Salvador, lo podía ver y entendió que lo necesitaba como su salvador.
  7. Una verdadera salvación demanda la confesión ante Dios, un encuentro personal. El hombre fue ciego, sabía que por medio de Jesús pudo ver, pero fue solo cuando estuvo frente a Cristo y le reconoció como Señor que fue salvo.
  8. Cuando somos salvos, al igual que esta hombre somos salvos porque cedemos a Dios todo el Señoría de nuestra vida, y le adoramos como se adora a un Señor al cual se ama y sigue.
Quisiera luego disertar un poco sobre la contraparte de esta historia, pero ese será tema de otros artículo más adelante. Por ahora quiero que tu que lees estás cortas lineas entiendas que no basta con ir a una Iglesia, que un religiosos puede bien estar en ruta a una eternidad sin Dios, y que si aun no lo has hecho, hoy puedes recibir la salvación por medio de Jesucristo.